Nancy Pedro: “La caja es parte de mí, de mi canto y de mi cuerpo”

La artista tucumana oriunda de Tafí Viejo conversó con El Reducto Cultural sobre su vida, su arte y su mensaje.

Nancy Pedro cuenta con una gran trayectoria artística como cantante, escritora, compositora, gestora cultural y docente.  

Ha recibido reconocimientos oficiales por el compromiso con la música popular regional y como ejemplo de superación, esfuerzo y dedicación a la producción musical por el Ente de Cultura de Tucumán.  

Recibió el Premio Mercedes Sosa con el reconocimiento de la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de San Miguel de Tucumán en la categoría “Nuestra voz” por su tarea social a través de la música; y una mención especial por parte del IDEP (Instituto de desarrollo productivo) con la Marca Tucumán por su aporte a la Cultura. 

Coordina y participa de gestiones a favor de los derechos humanos, la igualdad de género, la eliminación de la discriminación y la violencia hacia las mujeres, como así también por la visibilización de las mujeres, las disidencias, las diversidades y las pluralidades en los escenarios.  

Forma parte de “Truena” (Red Plurinacional Transfeminista de Trabajadores de la Música), de “Encuentra. Mujeres en el Arte”, “Ibatina”, “Ellas cantan, ellas Dicen” y “Mujeres Taficeñas”.  

Actualmente es Coordinadora Regional del INAMU en el NOA y su material discográfico es tan variado como sus propuestas artísticas. 

La artista  pone en juego en cada presentación su imponente  voz combinada con su caja, letras propias llenas de realidad, vivencias y amor. 

Hablamos con Nancy Pedro sobre su vida, su obra y su mensaje: 

– ¿Cómo estás viviendo la cuarentena? ¿Te dejó alguna enseñanza nueva? 

Creo que todas las experiencias son fuertes y a la larga o a la corta, un aprendizaje. La pandemia y su impacto social nos muestran (aunque no todxs podamos ver) una dimensión muy clara de la inequidad, del acceso a las oportunidades y de la incertidumbre. En lo personal, estoy viviendo la cuarentena en una situación de absoluto privilegio: con trabajo, con tranquilidad y con mi familia en comodidad. En lo profesional, me hallo en constante actividad de manera remota y virtual, y en cuanto a mí, en una etapa de introspección, de revisión, de reinvención. 

– ¿Estás trabajando en alguna producción discográfica? 

Me nace responderte que siempre estoy trabajando en una producción discográfica. Como tiene tantas etapas… siempre estoy enredada en alguna de ellas. En este momento estoy trabajando en mi próximo disco, un disco de canciones propias asentadas en la raíz folclórica que son casi todas nuevas, un conjunto que incluirá dos obras de un disco anterior, pero han avanzado conmigo y me acompañan aún. 

– ¿Qué importancia le das a las letras en tus canciones? ¿Cómo es tu relación con ellas? ¿Qué te inspira? ¿Te cuestan? 

Me importa muchísimo lo que una canción dice, lo que comunica, lo que invita o reproduce. La palabra es un eje fundamental en mi vida en los campos en los que estoy o quiero estar: la docencia, la música y el trabajo comunitario, colectivo, cooperativo. Cuido mucho lo que digo, tanto como cuido lo que hago. Trato de llenar mi vida de buenas prácticas y así es como intento llenar de palabras las canciones. Sí, me cuesta un montón. 

Me inspira el infinito recorrido que la música ofrece, la sensación de flotar en un momento de conexión o de sonreír por el sonido de un recuerdo. Me inspira ver que el mundo está cambiando por la presencia incansable y la voluntad de quienes se han levantado para doblegar el mal y abrir las puertas para que pasemos. Me inspira el amor solidario, me inspira mi hija mirando los caminos que recorro, me inspira el feminismo, me inspiran mis alumnas, mis alumnos, mis alumnes. Me inspira creer que la música es una llave, la fe. 

– Pedro Aznar contó en una entrevista que Leda Valladares le dijo que las bagualas, vidalas y tonadas se cantan con “la entraña”, que son un canto no esteticista, que se cantan con la vida y como un canto cósmico. ¿Qué opinas? 

El canto sale de adentro. La vidala, la baguala, la tonada, el joi-joi son formas que dibujan la salida de ese canto. El ritmo del corazón empuja eso para afuera. Yo he ido aprendiendo a cantar desde adentro para afuera. He cantado mucho y he aprendido a entregar con eso. Pero durante mucho tiempo el canto ha venido a mí a llenarme de caminos, de sentidos, de maneras. Creo que se canta como se puede. Y cuando se puede elegir, entonces se convida. 

– ¿Qué significa la caja en tu vida? 

Una compañía. La caja es parte de mí, de mi canto y de mi cuerpo. Como la varita mágica de las brujas, como la tiza de las maestras, como el abrazo de las madres, como el silencio de los cerros, como la sonrisa en la certeza. Tengo dos cajas. Una se llama Luna y la otra, Ibatina. Tengo mucha suerte. 

– Justamente, Leda Valladares escribió que “más libre que ninguno, el canto agreste es también el más rico en posibilidades expresivas, porque todo le está permitido, desde el grito hasta el quejido, y es capaz de calmar cualquier ansiedad vital”. ¿Cómo se transmite eso en una clase de canto y cómo lo vivís en los escenarios? 

Han cambiado los modos de enseñar, se han ampliado y multiplicado los accesos al canto. Antes se decía que nacías para cantar o no. El canto es una práctica saludable al cuerpo, la mente y la emoción; es una disciplina que como cualquier otra, se aprende. Tenemos derecho a cantar, a sonar, a decir, a encontrar, a explorar y reconocer nuestra voz mientras cantamos. Intento siempre invitar, convidar herramientas que fortalezcan el deseo de cantar. La docencia, con los años, me ha enseñado a escuchar más que a decir, así que escucho, acompaño y espero con los brazos abiertos.  

Es distinto ser cantante y ser docente. Dialogan ambas experiencias, pero es muy distinto acompañar a una persona a que alce su voz a que vos alces la tuya para alguna persona. Vivo el escenario como un espacio excepcional, fuera de lo cotidiano, especial, único. Me gusta estar ahí, me ocupo de tejer un mensaje con lo que voy a hacer cada vez, entregar algo que haya pensado, que haya elegido y pueda regalarlo en ese momento. 

– ¿Cómo ves posicionada a la mujer-artista en los espacios culturales de la provincia? ¿Crees que hay igualdad en los escenarios? 

No la hay y va más allá de lo que yo crea. La realidad arroja porcentajes reales en los que existe una minoría de espacios para las mujeres y mucho menos aun para las diversidades de género. Lo que pasa en Tucumán es una réplica de lo que ocurre en Argentina y Latinoamérica. 

Creo que las propuestas artísticas musicales con mujeres en su conducción o participación van ganando visibilización y experiencia. Tenemos propuestas diversas, plurales, profesionales que se desarrollan mucho más en el ámbito de la producción independiente que en los espacios de masiva comunicación, concurrencia o consumo. Igualmente, con la implementación de la ley de cupo (que establece una participación mínima de un 30% de mujeres en eventos), con la implementación de la ley Micaela (que capacita a funcionarios y funcionarias en perspectiva de género) y con la acción consciente de toda la sociedad lograremos de a poco avanzar en materia de derecho. Es una acción conjunta la que va llevarnos hacia la equidad y lo digo en el más amplio sentido del término. 

– Sos una artista que participa activamente en organizaciones sociales de Derechos Humanos para lograr la igualdad de género, eliminación de violencia de género y de discriminación. ¿Cuál es tu mensaje para las mujeres tucumanas? 

Mi mensaje es para la sociedad entera. Como sociedad somos responsables, somos parte de esta construcción desigual. A las mujeres y a todas las diversidades les digo que aprendamos acerca de nuestros derechos, nuestro bienestar, nuestros cuerpos, nuestros placeres, nuestras libertades, nuestras entregas. A los varones los invito a revisar sus prácticas cotidianas en lo laboral, en lo emocional, en lo social y en lo sexual. Los invito a que revisen sus masculinidades, sus roles, sus modales. Animarse a hacer eso es difícil y doloroso. La deconstrucción es de la comunidad toda. Pero las muertes siguen siendo nuestras, las estadísticas nos siguen cayendo en la cabeza.  

Sentirse deconstruido, sentirse no machista es la primera señal para empezar a trabajar en ello. 

– ¿Cómo es tu relación lúdica y musical con tu hija? 

Mi hija es lo máximo, es todo lo que está bien, es la guía entera de una vida que se va escribiendo día a día. Jugamos a cantar, a bailar, a dar clases, jugamos a ser madre e hija, jugamos a cuidarnos. Todo es jugar y comer. “Y comer” (jajaja) 

– Tu pareja es músico y compositor, ¿Cómo es un día juntos? ¿Trabajan en las producciones en conjunto? 

El Negro (Burgo) es un capo. Hemos ido aprendiendo a hacer cosas juntos y a compartirlas. Éramos amigos antes de ser compañeros de vida y por cuidar tanto nuestros espacios terminamos por hacer cosas en lo musical y escénico siempre separados y eventualmente juntos. La cuarentena nos ha regalado tiempo compartido. En la casa siempre cantamos, siempre estamos tarareando o estudiando o armando una canción: mientras cocinamos, mientras tomamos mates o en el fondo.  

Nos consultamos opiniones y experiencias, nos alentamos en la inseguridad, festejamos los logros y consolamos los desaciertos. En eso somos un gran equipo los tres. 

– ¿Qué música te conmueve actualmente? Qué género crees que te falta escuchar más? (ópera, jazz, rock, etc.) 

Todo eso tengo que escuchar. Soy muy folclórica, es lo que mejor siento que define lo que me atrapa, me conmueve, me gusta, me emociona. Al mundo del rock voy entrando de a poquito, porque es el universo del Negro y él me comparte.  ¿Que música me conmueve  actualmente? No sé. Lo que me conmueve es la entrega, una verdad. Una entrega me hace poner la piel de gallina. Y eso puede venir de muchos lados, de muchas voces, de muchas partes. 

– ¿Cómo crees que va a ser el reencuentro con tu público? 

Como un abrazo. Como abrazarme con mi hermana cuando vuelvo de viaje. Como buscar a mi hija de la escuela. Como llegar, como volver a la casa en invierno. 

– Vamos con la pregunta de cierre del reducto cultural, ¿Cuándo te atacó el arte por última vez?  

Imagino que esta pregunta hace referencia a un momento de inspiración. ¿La inspiración llega o la inspiración está? Me pregunto mucho eso. La espero y la descubro porque hago caso. Leopoldo Deza, que es mi profe de composición, dice que la inspiración en algún momento va a llegar; entonces te invita a sentarte a laburar, a escribir, a escuchar, a leer, para que cuando llegue te encuentre con las manos en la masa.  

Lo cierto es que creo que este tiempo y la modificación del mundo nos han llevado a cambiar creativamente nuestros modos de hacer. Entonces esta ola de pensar y pensar cómo vamos a hacer me ha dejado en un estado de alerta, de sensibilidad, de raciocinio, de lectura, y he hecho caso y me he sentado con la lapicera en la mano a hacer miles, pero miles de bocetos de poemas. He pasado tardes enteras haciendo solamente garabatos en un papel y he compuesto montones de canciones en 23 minutos. Mi inspiración está a flor de piel. Pero lo que sale de ahí son semillas, hay que ver si brotan, si crecen y hay que ver qué son. Ojalá sean semillas de árboles. 

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