Ricardo Soulé: “Cuando fundamos Vox Dei la única ilusión que teníamos era la de tocar en algún carnaval”

En el 50º aniversario de la canción “Presente” charlamos con el guitarrista  

En 1968, Ricardo Soulé –con 17 años de edad- compone “Presente” después de un quebranto sentimental. Era un momento especial en su vida en el que la tristeza por la ruptura de un amor coincidía con un acercamiento a la literatura medieval que lo hizo pensar sobre lo efímero de la vida. “Todo concluye al fin, nada puede escapar…todo tiene un final, todo termina” dice el comienzo de la letra inspirada en las célebres «Coplas a la muerte de su padre» de Jorge Manrique; la música, sin quedarse atrás en cuanto a influencias, tomó cosas del barroco Johann Pachelbel.  

Soulé no imaginaba que «Presente (el momento en que estás)» se convertiría en himno-canción, uno de las más hermosos y distintivos del rock argentino, y fue incluido en el lado B del álbum debut de Vox Dei, “Caliente”, editado en 1970 por el sello Mandioca.   

Presente marcó a varias generaciones, convirtiéndose en la canción ineludible tanto en los conciertos de Vox Dei como en los de la extensa carrera solista de su autor.  

A 50 años de ese lanzamiento, Soulé decidió este año volver a grabarla con invitados de lujo: David LebónRicardo MolloGustavo Chizzo Nápoli (La Renga)Elena RogerJuanchi Baleirón (guitarra)Gabriel Pedernera (baterista de Eruca Sativa)Guillermo Vadalá (bajo) y Mery Granados.  

Guitarrista, cantante y compositor, Ricardo Soulé es un referente insoslayable del rock argentino original. Fundador de la banda Vox Dei y pionero del rock en castellano, a mediados de los ’70 vivió en Inglaterra, donde empezó a desarrollar su carrera solista que fue alternando a lo largo de los años con las sucesivas etapas de reunión con Vox Dei (1978/81-1986/98) junto a Willy Quiroga y Rubén Basoalto.  

“La Biblia según Vox Dei” (1971) está considerada por el periodismo especializado como la obra conceptual más importante de nuestro rock vernáculo y el tema “Presente” figura entre las 10 canciones más queridas y cantadas del repertorio nacional.  

Conversamos con Ricardo Soulé sobre sus inicios en el arte, el fútbol que supo jugar un tiempo y sus recuerdos de Tucumán, entre otros temas.  

– ¿Cómo fue el nacimiento de “Presente (El momento en que estás)”? ¿Pediste ayuda?  

-Fue cuando yo tenía 17 años más o menos. Estaba en el secundario y confluyeron entonces varias cosas en mi vida, como mi primer amor y mi primera desilusión amorosa. También fueron el descubrimiento de la literatura como fuente de inspiración y la música de Los Beatles, muchas cosas que influyeron en mí. ¿Si pedí ayuda? Le pedí ayuda a Dios, que me auxiliara a salir de esa situación tan amarga que era la soledad después de haber estado junto a una persona hermosa a la cual yo quería y quiero, porque finalmente terminó siendo mi esposa.   

– ¿Cómo fueron tus primeros pasos con el violín y la guitarra? ¿Cuánto influyó que tu padre fuera músico? 

Los primeros pasos con el violín fueron por mi papá Héctor. Era violinista aficionado y tenía su instrumento en casa. Yo lo escuchaba tocar cuando volvía de trabajar. Era profesor de inglés, entraba, agarraba el violín y se ponía a tocar. Me encantaba escucharlo y me quedaba bastante tiempo con él en la habitación donde practicaba. Un día apareció con otro instrumento y me dijo: “Te conseguí este violín para vos”. Era uno más chico, para niños, y a partir de ese momento empecé a tocar junto con él hasta que tomó la determinación de enviarme a una profesora para que yo pudiera estudiar ordenadamente y de una manera académica. En cuanto a la guitarra, la aprendí solo. Encontré una en un lugar, se la pedí a la persona que la tenía abandonada, me la dio y desde ahí arranqué. Antes había tenido otras experiencias con otras guitarras prestadas pero esta fue la que conseguí y con la que empecé a tocar y a componer. Hasta ese momento yo componía con el violín. 

– El fútbol y vos. Revisando datos nos enteramos de que fuiste arquero de la reserva de Quilmes. ¿Cómo fue esa experiencia?   

-Empecé a jugar de chiquito como todos los pibes de mi barrio. Teníamos unos potreros muy cerca de casa y pateábamos todo el día. En un momento empezaron a hacer equipos medianamente organizados; los padres compraban camisetas, marcaban la cancha con una regadera con cal e inclusive llegaron a poner algunas redes en los arcos. De a poco se fue mejorando la situación del futbol de los potreros. Un día vino alguien con el dato de que estaban probando jugadores para las inferiores de Quilmes, me fui a probar y gracias a Dios me aceptaron. Empecé a jugar de arquero en las divisiones más bajas, a los 12 o 13 años de edad. Pasaron un par de años, empecé a subir de división y llegué a jugar en la reserva con los jugadores de primera. Participé en un partido antes de la primera con el público en las tribunas y fue una experiencia hermosa.  

– ¿Cuándo decidiste sacarte los guantes para colgarte la viola?  

-En realidad los guantes no me los saqué nunca, porque cuando me saqué los de arquero me puse los de halconero, así que siempre ando con los guantes puestos. La viola me la colgué a partir de los 13 o 14 años y tampoco me la saqué más, estuvo conmigo y me acompañó siempre adonde fuera. A ella le debo toda mi carrera profesional porque me desarrollé como guitarrista; lo del violín fue tangencial. Aunque me preparé para el violín de manera académica, la profesionalidad me llegó con la guitarra.   

– ¿Con qué sueños armaron Vox Dei?  

– Cuando fundamos Vox Dei la única ilusión que teníamos era la de tocar en algún carnaval que se avecinaba, tener unos cuantos shows para juntar unos pesos y tal vez poder comprarnos mejores instrumentos. No teníamos más pretensión que eso. Igual nos duró poco, porque en cuanto empezamos a tocar surgieron cosas que ni imaginábamos y a partir de ese momento no dejamos de tocar nunca más. Pasaron 50 años y seguimos tocando.    

– ¿Cómo era la grieta entre el rock y la música comercial en los 60-70?  

-Las grietas siempre existieron entre la música comercial y la música de rock. Lo que pasa es que ahora el rock es tan comercial como la música más comercial, de modo que prácticamente no existe más todo eso. Es una de esas cosas que ponen para dividir a la gente pero en realidad no existen. El rock dejó de ser un grito contracultural y pasó a ser algo decididamente comercial, manejado por los monopolios y no forma parte de la vanguardia. Ha perdido el carisma para pasar a ser algo de índole económica exclusivamente.   

– ¿Qué recuerdos tenés de la gira que hicieron con Vox Dei junto a Almendra por Tucumán y Santiago del Estero a fines de los 60’?   

-Son hermosos, porque fue la primera vez que viajamos en avión. Creo que todos los músicos viajábamos por primera vez por aire. Era un avión a hélice, parecía un barrilete y estábamos muy emocionados. Descendió un montón de veces, me parece que fueron unas cinco escalas antes de llegar a Tucumán. Me acuerdo de que estábamos en el hotel con los chicos de Almendra y teníamos una pinta de hippies impresionantes. Justo coincidimos con un cuadro de futbol, todos con una pinta de caretas que medio que se horrorizaban de vernos a nosotros con los pelos largos y las ropas de colores; fue muy gracioso.   

– ¿Cómo fue la conversación con Luis Alberto Spinetta en la que los convenció de cantar y componer en castellano? 

En realidad no fue un convencimiento por parte de Luis hacia nosotros, sino que en ese momento prácticamente todo el movimiento de vanguardia de la música que en ese momento se llamaba “progresiva” estaba cantada en castellano. Entonces para nosotros, los Vox Dei, seguir cantando en inglés significaba que no íbamos a poder entrar dentro de ese frente de músicos que pertenecían a ese movimiento. Luis vino y nos dijo puntualmente: “Che, qué bueno que está el grupo; ¿por qué no cantan en castellano, que tienen ahí todo un idioma para hacer poesía?”. Tenía mucha razón, pero nosotros ya nos habíamos dado cuenta de que con el inglés no íbamos a ir más lejos. Lo de Luis fue la confirmación de algo que era evidente. Esta charla fue en el teatro Payró y creo que fue una de las primeras presentaciones que hicimos juntos –año 68 o 69- en calle San Martín y avenida Córdoba, un lugar muy chiquito de vanguardia donde nos reuníamos en la esquina en un bar y estaba toda la bohemia de Buenos Aires de ese momento.  

– ¿Cómo fue el paso por Tucumán en el marco de la grabación del disco en vivo “La Nave Infernal”, a fines de 1972?  

-Tucumán era para nosotros un lugar muy señalado como una cabeza de nuestro noroeste en cuanto a lo intelectual, lo político y lo social. Era muy importante para nosotros tocar allá. Desgraciadamente casi no volvimos más, salvo una o dos veces y de una manera circunstancial. La verdad es que lo lamento mucho. Además de tener un contacto bávaro con el público, me acuerdo de que nos llevaron al cerro San Javier, cerquita de la ciudad. Esos árboles, esa vegetación selvática nos encantó y nos pareció precioso. Creo que después nos llevaron a Tafí del Valle a conocer y a comer un asado, un lugar también muy hermoso.  

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