“Cada vez que llamaba a Diego, bloqueaban mi número”

Héctor Enrique confiesa que puede morirse tranquilo dado que cumplió cada uno de los sueños de su vida: pudo vivir de jugar a la pelota, debutó en el club que quería como lo fue Lanús, pasó por River, donde ganó todo lo que disputó (Copa Libertadores e Intercontinental, ambas en 1986), vistió la celeste y blanca, jugó el Mundial de México 86, se consagró campeón y hasta lo hizo al lado de Diego Maradona. Justamente, el Negro charló con Olé de su gran amigo. Cómo se conocieron, su etapa como ayudante de campo del Diez, sus últimos (fallidos) encuentros y el dolor que sintió el día de la muerte de su gran amigo. Una media hora a modo de catarsis y a corazón abierto sin tirar ninguna respuesta al lateral.

El Negro Enrique, Diego, Messi y el Profe Signorini. (Reuters)

El Negro Enrique, Diego, Messi y el Profe Signorini. (Reuters)

-¿Cómo sucedió ese primer encuentro con Diego?

-Diego empezó a ser mi ídolo cuando jugaba en la Primera de Argentinos. De hecho, me quedé a verlo en un partido contra Lanús e incluso marcó un gol. Luego, dio la casualidad de que su primer partido en Napoli fue contra River, en el 84, y fuimos rivales, aunque esa vez sólo nos saludamos de modo respetuoso.Ver más

-Hasta ahí todo formal. ¿La primera charla se dio recién en la Selección?

-Tuve que esperar a la gira de Noruega [N.de.R: previa a la Copa del Mundo de México] para conocerlo como compañero y no sabía qué hacer, si saludarlo, si darle un beso, pero apenas me vio me apretó en un abrazo, nos dio la bienvenida a los nuevos y empezó la amistad. Siempre con total simpleza y jamás creyéndose más que nadie.Play Video

-Más allá de todo lo que hizo Diego con la pelota, el gol a los ingleses va a ser su marca imborrable. Se puede decir que fuiste quien le dio ese primer pase hacia la gloria…

-Cuando recibió mi pase y giró, yo ya sabía que terminaba en gol porque nosotros lo sufríamos en los entrenamientos. Una vez que se afirmó, giró y encaró con la velocidad y la habilidad que tenía, la cosa estaba juzgada. Tanto es así que cuando di el pase, dejé de acompañar la jugada para contemplar esa obra de arte. Tuve la suerte de darle ese pase y justo fue en mi debut como titular. Ver a Diego gambetear contagiaba al resto y nos hacía sacar un plus.

-Y después intentaron repetir en Sudáfrica 2010. ¿Cómo era él como entrenador?

-Llegué a la Selección por el Checho Batista, quien me llevó a la Sub-15 por lo que no hice el proceso de Eliminatorias con Diego, aunque sí fui al Mundial. Tenía una capacidad enorme. Jugábamos muy bien al fútbol y en los cuartos de final tuvimos la mala suerte que a Alemania le salieron todas y a nosotros ninguna. Más allá de la eliminación, lo lamentable fue que se había ido el Diego: me dolió más eso que el 0-4 contra los alemanes. No le perdonaron la goleada.

Maradona y Enrique, en su experiencia en Dubái. (Hugo Pascucci)

Maradona y Enrique, en su experiencia en Dubái. (Hugo Pascucci)

-¿Cómo te enteraste su muerte?

-Venía de entrenar. Me fui al quincho, donde tengo muchas fotos con Diego, y me llamó el doctor Lentini, quien lo quiere mucho y estuvo en su cuerpo técnico, y me habló del problema que tenía. Sin embargo, le dije que no se preocupara, que Diego era fuerte y que iba a salir adelante como tantas veces y me dijo “me parece que no”, prendí la tele y me enteré de la noticia. Se fue una gran persona y un gran amigo. Alguien que nos cuidó siempre a todos. Nunca se creyó nada y no se olvidó de dónde salió.

-Se te nota conmovido…

-No tener a Maradona es un dolor terrible, inexplicable. Hablas de Diego y siento que está. Está en el corazón de cada uno. Nos hizo emocionar, llorar, festejar. Hizo respetar la bandera argentina con su magia.

-¿Qué sentís cuando escuchas los audios que circularon en las últimas semanas?

-Escucho tantas cosas…Decían que fulano le hacía ganar plata a Maradona. ¡Y no lo puedo creer! El que le hacía ganar plata a ellos era Maradona y no al revés. Una incoherencia absoluta. Hay cosas que no te dan ganas ni de opinar. Sólo quiero que se llegue a la verdad. No quiero que vaya preso nadie ni le saquen plata a nadie, me alcanza con que tengan el repudio de la gente. Que no puedan caminar tranquilos. El que se portó mal con Diego que lo pague con la sociedad.

-¿Lo viste fumar enfrente tuyo?

-Jamás en mi vida lo vi fumar marihuana. Jamás. Un día estando en Dubái, le dije en el vestuario ‘sabes que nunca me drogué’ y me contestó ‘que bueno, Negrito, te felicito. Mirá cómo estoy yo, medio tembleque, empastillado’ y eso me quedó en la cabeza. Siempre estuvo en contra y daba el mensaje para alertar a los chicos y pedir que no probaran.

Diego y el Negro festejando el título del mundo.

Diego y el Negro festejando el título del mundo.

-¿Podías comunicarte con él o también tenías el ingreso prohibido?

-Nunca pude tener un acercamiento. Cada vez que lo llamaba, bloqueaban mi número. Y mi preocupación era que Diego no pensara que lo llamaba solo cuando laburaba con él. Yo siempre le decía que iba a ser mi amigo para toda la vida. Pero no me dejaban hablar con él y eso me reventaba. Los que estuvimos al lado suyo sin ningún interés, sabíamos cuánto lo apreciábamos. Repito no me interesa que vayan preso, solo que no puedan estar tranquilos en ningún lado, que tengan la condena social.

-Suena fuerte que ni siquiera pudieras tener la posibilidad de llamarlo.

-Después de nuestra experiencia por Dubai me fue imposible hablar con él. Tanto es así que cuando se fue a México tuve que llamarlo desde el teléfono de mi hija para evitar que me cortaran o no me pasaran. Y así pude cagarlos. Pero esa era la manera de hablar. Yo le dije que sabía que él no era el que me bloqueaba y le dejé en claro que siempre iba a estar con él. Mirá lo que me pegó que a la semana de la muerte de Diego, mi señora me comentó que no me había visto tan triste ni con el fallecimiento de mi papá. Y es verdad, fue un hecho comparable con la pérdida de mi viejo. Aún hoy, no me puedo terminar de recuperar.

FUENTE: https://www.ole.com.ar/maradona/-vez-llamaba-diego-bloqueaban-numero-_0_P4m42ZGRZ.html