El momento de Boca: ¿hay solución?

Hoy está de moda pegarle a Miguel Russo, como si este presente de Boca esquivo y maltrecho fuera única responsabilidad del entrenador, como suele suceder con los ministros de Economía de este país cuando se disparan el dólar y los precios. Es innegable que el técnico de Boca es el que firma al pie en las victorias y en las derrotas, y en esta seguidilla sin triunfos con actuaciones para el aplazo tienen mucho que ver sus decisiones erráticas. Ahora bien, la crisis actual de Boca, que comenzó con la traumática eliminación de la Libertadores, es multicausal (sí, como la inflación…), de la misma forma que para salir de ella no bastará con la sabiduría de Russo. Para bien y para mal, el presente de Boca es mucho más complejo que el nombre del entrenador de turno.

Entonces, ¿hay una salida al alcance de la mano, que no implique la sangría habitual de rajar al DT y volar medio plantel? Si existe, dependerá de muchos factores, de los cuales la mayoría, ahora sí, se definirán en la quinta del DT, porque el escenario puertas adentro le es hostil y su margen de maniobra es minúsculo.

Para ser claros: los factores de poder no están alineados con la suerte de Russo: 1) El rendimiento de los jugadores continúa en franco declive; 2) El Consejo de Fútbol le retiró el apoyo.

De ambas situaciones, Russo sólo puede influir en la primera de ellas. Su tabla de salvación está ahí, pero necesita hacer tarea fina en un plantel que dejó de responderle con confianza ciega. Los jugadores no quedaron conformes con el papel del DT en los casos que, según el plantel, el Consejo lo destrató (caso emblemático, pero no único, Pol Fernández).

La imagen de un equipo desganado y apático pega de lleno en la estabilidad del técnico, claramente más afectado por la Copa perdida que beneficiado por los dos títulos que ganó, el último hace menos de un mes. Miguel debe encontrar la manera de sacar a los jugadores de su letargo y que recuperen la memoria futbolística antes de que sea demasiado tarde. Y deberá hacerlo con las herramientas de siempre: volver a las fuentes del equipo campeón de la Superliga 2020, que en términos de rendimiento acabó siendo el techo y no el piso, desde donde crecer hacia objetivos mayores.

En relación al Consejo de Fútbol, el mismo Russo debe saber que no puede esperar mucha colaboración de ahí. Nada más basta observar el nivel de incorporaciones (salvo algún caso puntual, es difícil llamarles refuerzos) que tuvo Boca en los tres mercados para darse cuenta de que no hubo una gran inversión para darle a Miguel los jugadores de jerarquía que sigue precisando.

Las necesidades a cubrir son prepandémicas: un 9 de área confiable y de nivel internacional es un déficit que nació cuando el Covid 19 era una referencia lejana, y hoy lo sigue siendo. Soldano no se considera 9, la prueba de Tevez y Zárate en esa posición no funcionó y Wanchope hizo goles pero lo traicionó el físico. Y en otras posiciones tampoco se logró el salto de calidad: en el partido revancha ante Santos, el único jugador que incorporó Riquelme y que jugó fue el Pulpo (y salió en el entretiempo).

El resto (Zambrano, Pol, Cardona, Javi García), o estaba en el banco, o lesionado o colgado. Y para esta ventana de transferencias tampoco hay nada nuevo bajo el sol: difícil que Russo pueda cambiar mucho con un cinco suplente (Rolón, que igual aún no llegó), un lateral derecho que habrá que verlo jugar (el colombiano Román, no confundir con nombres similares) y un central de trayectoria europea (Rojo) condicionado por su falta de continuidad (dos partidos en los útimos 14 meses y contando).

Entonces, con un Riquelme que se desenamoró de Russo y que vale preguntarse si cuida la billetera pensando en el sucesor, a Miguel sólo le queda aferrarse al puesto y a la memoria emocional del equipo que supo ser. Será eso o el destierro, ahora sí, para no volver.

FUENTE: https://www.ole.com.ar/boca-juniors/boca-russo-riquelme-analisis-solucion_0_SFUtu3OaR.html