Mallorca: cómo la isla preferida del jet-set español se convirtió el paraíso de los relojes solares

La historia del Sol es anterior a la nuestra. Con reverencia a la naturaleza, los primeros que desearon calcular el tiempo, confiaron en la cadencia de las estaciones y las cosechas. Pronto decidieron tomar el sol y en ningún sitio parece haber sido cierto como en Mallorca.

El reloj de este estilo más antiguo que se conoce tiene unos 3.500 años y data del reinado de Tutmosis III en Egipto. Su precisión depende de factores terrestres, estelares, climáticos y científicos. Para construir un reloj solar se requieren extensos conocimientos de matemáticas y astronomía.

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Es la selecta isla de Mallorca, el sitio que eligen desde hace décadas los reyes de España para pasar sus vacaciones de verano, el sitio con más relojes de este tipo en el mundo. Se detectaron más de mil, pero el catálogo oficial del ayuntamiento ha registrado en su documentación 760. Sólo en Palma, la capital de Mallorca, se encuentran casi 300.

Hace apenas unas semanas en la localidad de Porreres, hacia el sur de la isla, donde se acaban de detectar dos nuevos ejemplares en sitio algo inaccesible. Se estima que datan del 1800. El cronómetro solar más antiguo que se conoce en la Isla se encuentra en Artá, en medio de un gran valle a los pies de una pequeña montaña en el noreste de Mallorca. Data del año 1624, aunque se supone que muchos de ellos son aún anteriores a la fecha, pero no tienen el año incluido en su instalación.

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Miguel Ángel García Arrando se ha convertido en un obsesivo gnomómetra (especialista en este tipo de relojes) y es gracias a él que el mapa de la hora, en su mayoría en estampada en la pared o el suelo, ha sido posible en las Baleares. Lleva tres décadas detrás de la pesquisa. Es autor del libro Los relojes de sol de Mallorca y miembro de la Comisión de Relojes de Sol de la Asociación ARCA de las islas.

Lo más curioso es su democrática distribución. Pueden encontrarse en los edificios más característicos de la isla, como en grandes fincas o en las más modestas y sencillas casas de campo. Los hay también en iglesias, conventos, calles, plazas, edificios públicos y privados, muchas veces desapercibidos por la erosión del paso del tiempo.

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Que precisamente en las Baleares haya tantos relojes de sol -preponderantemente de los siglos XVII y XVIII- puede estar relacionado con la buena climatología del lugar. Si no luce el sol, el gnomon o estilo no puede proyectar sombra alguna ni, por tanto, indicar la hora. Horas non numero nisi serenas (no cuento las horas si no son serenas), se lee en el frontispicio de una pared casi derruída dentro de una finca modesta. En la región han vivido varios especialistas en gnomónica que instalaron innumerables cronómetros solares por toda la osla. Uno de ellos fue Fray Miquel (1741-1803), natural de Petra. En Mallorca construyó 25 relojes y en Ibiza, al menos, uno.

La ruta de la horaoficina de Turismo de Mallorcaoficina de Turismo de Mallorca

El camino de las aguas solares puede introducir al viajero en el alma misma de Mallorca, un destino que, además de plan turístico, se ha constituido en la segunda vivienda de las fortunas más grandes de Europa. Se pueden establecer dos rutas diferentes.

Hay que ir con la mirada despierta. Fachadas de edificios, o muros en jardines, o explanadas de visión solo frontal. De azulejos, piedra o marmolina.

En el Casco Antiguo pueden encontrarse relojes solares en la Plaza Juan Carlos I (sobre la fachada frente al Borne), en la Iglesia de San Nicolás (en el lateral de la Plaza de Santa Catalina Tomás), en la calle Bolsería 1 (sobre la fachada), en la Plaza Sta. Eulalia (esquina con la C/ Cadena, sobre el último balcón), en Plaza Sant Francesc (sobre el frontón de la iglesia del mismo nombre), en calle Portella 8 (en la esquina con el edificio colindante) y en la calle Palau (donde está el Obispado, en la clastra -su patio central-, hay dos ejemplares).

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Otro itinerario plausible es el del Paseo Marítimo de Palma, que cuenta con relojes de construcción más reciente y, por tanto, de características más técnicas. Un recorrido en el que se encuentran los relojes solares de Parc de la Mar (junto al edificio de la Aduana), Moll Vell (en el camino de la escollera), secadero de redes (Paseo Sagrera, Puerto), Jardines de Sa Faixina (frente al monumento Baleares) y la Avenida Gabriel Roca (Explanada de Sto. Domingo y el muelle frente al Auditorium). Además, en las zonas ajardinadas de este recorrido, existe una importante colección de relojes de sol monumentales realizados por Rafael Soler, socio de honor de la Asociación de Amigos de los Relojes de Sol (AARS). Esta ruta puede completarse con la visita a los relojes de Portitxol, Moll de Peraires y la Escuela Náutico Pesquera.

Un paseo sin tiempooficina de Turismo de Mallorcaoficina de Turismo de Mallorca

La ciudad de Palma, la capital, ha cambiado gracias a un planeamiento urbano y una extensa renovación del casco antiguo. La llamada ‘Perla del Mediterráneo’ exhibe calles estrechas el los alrededores de la Plaza Mayor. La Avenida Jaime III y el Borne, ofrecen tiendas de marcas conocidas del mundo de la moda. Abunda la cultura, con un gran número de galerías de arte, y los museos de Es Baluard y el Palau March ofrecen diversas exposiciones y conciertos de música clásica durante todo el año. En los barrios de El Terreno, Santa Catalina, y la Llonja, así como el ajetreado Paseo Marítimo

En la primera línea de mar de Palma, se encuentran un sinfín de nuevos restaurantes y bares. Es una ciudad que se mantiene viva hasta altas horas de la madrugada.

Puerto Portals es uno de los lugares más glamorosas de la isla. Allí atracan París Hilton, Jim Carrey, Jenson Button y Bill Gates cada temporada.

El pueblo de Valldemossa, situado a unos 15 o 20 minutos en coche desde Palma, en las montañas de Tramuntana, parece otro mundo. Enclavada en una colina y rodeada por terrenos bancales, debe su nombre al terrateniente de la zona, Muza. Es el pueblo más alto de Mallorca y conocido por ser el lugar donde residieron el compositor polaco Frédéric Chopin y su amante, la escritora George Sand, durante el invierno de 1838, lo cual lo convierte en el pueblo más visitado de Mallorca.

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Pollença es un pueblo antiguo ubicado en el norte de la isla, con atractivas calles estrechas y una impresionante plaza principal rodeada de cafés, restaurantes y bares, todo a pocos kilómetros del Puerto. Su puente romano, señalizado ‘Pont Roma’ está sin uso. 365 escalones más arriba (los locales dicen que es de afortunados irlos contando) del Puig de Calvari del pueblo llega la mejor vista de la región.

En Cap de Formentor, donde la Serra de Tramuntana se encuentra con el Mediterráneo, al final de una península de 20 kilómetros, el paisaje atraviesa una dramática ruta espectacular, con miradores en Mal Pas y la torre de Talaia d’Albercutx. A pesar de no estar abierto al público, la zona alrededor del faro goza de increíbles vistas de este promontorio salvaje.

El pueblo de Sóller, en el oeste de Mallorca, llegó a ser muy próspero gracias a los cultivos de cítricos en el valle. En el siglo XIX, cuando la zona estaba aislada del resto de Mallorca por las montañas, se exportaban naranjas a Francia desde la costa oeste del cercano Port de Sóller (o Puerto de Sóller). Muchos residentes locales fueron a trabajar a Francia y volvieron con grandes fortunas que invirtieron en la construcción de algunos de los hermosos edificios modernistas que adornan el pueblo. El detalle: hay un tranvía que lleva hasta el Puerto de Sóller, pasando entre huertos de naranjos y limoneros.

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El pequeño pueblo de la Serra de Tramuntana es sin duda uno de los lugares más espectaculares y desconocidos de Mallorca. Habitual entre los mallorquines durante todo el año, son muchos ya los visitantes que también indagan en sus innumerables escondites, la mayoría cien por cien naturales y a salvo de la explotación inmobiliaria.

Portocolom, el pueblo de la costa este situado en el distrito de Felanitx, es uno de los más atractivos de la zona este y debe su nombre a Cristóbal Colon. Es un pueblo pesquero tradicional, con mucho encanto. El pueblo está enclavado en una gran bahía de forma irregular, en el que los cobertizos, el faro y los barcos anclados añaden belleza a la naturaleza pintoresca del lugar.

Son Boronat es un yacimiento arqueológico de los mejores conservados en la isla. Su acceso es complejo y se debe pedir autorización, pero las piezas se encuentran a la vista. Allí, en un reloj que data de 1820 se resume el espíritu de Mallorca:

Sic vita fugit, así pasa la vida.

FUENTE: https://www.infobae.com/turismo/2021/07/24/mallorca-como-la-isla-preferida-del-jet-set-espanol-se-convirtio-el-paraiso-de-los-relojes-solares/

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