Parque Nacional Patagonia, la belleza de la estepa salvaje

En el noroeste de la provincia de Santa Cruz, todo –la aridez, el viento, el sol, el silencio, la estepa– es desmesurado. Tanto como la riqueza arqueológica, que ofrece valores históricos y culturales únicos (liderados por los del Parque Provincial Cueva de las Manos, con pinturas rupestres de más de 9.000 años de antigüedad), rutas escénicas como la 41 y espacios donde se desarrollan trabajos activos de preservación de fauna. En 2014, la Administración de Parques Nacionales incorporó con la creación de esta área protegida, el PN Patagonia, un tipo de ambiente que hasta entonces no se encontraba representado entre los que se preservan: las mesetas de altura. Si bien la historia productiva de la provincia estuvo basada en la cría de ovejas, en las últimas décadas muchas estancias se han despoblado por las consecuencias de la erupción de volcanes, la acumulación de cenizas y la pérdida de productividad de los suelos. Por eso se procura impulsar los servicios vinculados al turismo sustentable, que van desde proyectos de emprendimientos de avistajes de pumas hasta alojamiento, gastronomía y venta de productos con denominación de origen.

ECOSISTEMA

Donde el paisaje cobra vida

Acompañanos a caminar por senderos especialmente atractivos en tiempos de viajar a destinos poco concurridos. Cómo se trabaja para “producir” naturaleza.

Es una de las últimas áreas agrestes de la Patagonia, un arca de especies que se procura vuelvan a funcionar con el impecable mecanismo de relojería que la naturaleza dispuso. Para eso no solo se concretan acciones que buscan recomponer los ambientes y la abundante fauna nativa, sino que también se trabaja para que esas saneadas interacciones armonicen con experiencias de ecoturismo, como el senderismo activo y el avistamiento de grandes mamíferos. El Portal La Ascensión, que toma el nombre de una histórica estancia, es una Reserva Natural Silvestre que fue donada a Parques Nacionales. Allí, una antigua escuela fue reconvertida en Centro de visitantes y el viejo Galpón de esquila es ahora foco del trabajo de emprendedores que ofrecen artesanías, comidas regionales y actividades en una red de senderos que conectan la región con el lago y la meseta Buenos Aires. Zorros, guanacos, zorrinos, choiques y aves como martinetas, loicas, zorzales, cauquenes y bandurrias acompañan a los caminantes. En el Portal Cañadón Pinturas, en tanto, hay más de 20 km de senderos para recorrer de manera autoguiada, entre aves rapaces y lagunas con macás y variedad de patos, cisnes, flamencos y gallaretas. Este portal cuenta con un cómodo refugio (La Posta de Los Toldos), donde emprendedores de las localidades aledañas, Los Antiguos y Perito Moreno, ofrecen propuestas de turismo sustentable.

Por otra parte, la Ruta Escénica 41 ofrece más de 170 kilómetros de vistas impresionantes. Atraviesa cambiantes paisajes de bosque, estepa, pastizal de altura y cordillera. Al recorrerla desde Los Antiguos hacia el sur, se bordea el río Jeinimeni, límite natural con Chile; el Monte Zeballos; el lago Ghío; y los cerros Colorado, San Lorenzo, Lápiz y Colmillo. Durante todo el trayecto, acompaña el perfil de la meseta del lago Buenos Aires, como una proa de un barco inmóvil. La “producción” de naturaleza es un modelo alternativo de desarrollo que ofrece oportunidades sostenibles: con el apoyo de la Secretaría de Turismo de la Provincia de Santa Cruz y la Dirección de Turismo de Perito Moreno, se dictó un Curso de Guías Idóneos para hombres y mujeres que buscan prosperar en su tierra a través de la revalorización de la vida silvestre.
TRABAJOS ACTIVOS En las últimas décadas, el huemul y el huillín desaparecieron a nivel regional, mientras que el chinchillón anaranjado, el coipo y la gallineta austral sufrieron extinciones locales: disminuyó el número de ejemplares y se alteró la conectividad entre poblaciones. En el caso de la gallineta, se trabaja en el Cañadón Caracoles para la recuperación de los juncales, islas de biodiversidad en la árida estepa, que habían reducido su superficie tras el sobrepastoreo y desvío de vertientes para el riego de pasturas.

“De golpe, tras trepar 10 km por cañadones, descubrís detrás de una roca dos orejas que asoman y unos ojos que te espían”.

LEANDRO VÁSQUEZ, UNO DE LOS RESPONSABLES DEL SEGUIMIENTO DE LOS PUMAS DE REWILDING ARGENTINA.

En esos humedales la especie arma sus nidos. Y el objetivo es volver las aguas a sus cauces originales para triplicar el espacio que ocupan los juncales. Así se espera multiplicar la cantidad de individuos y rastrear ejemplares para desentrañar sus secretos. El huemul es el otro gran herbívoro de Patagonia, después del guanaco. Y también es foco de tareas de conservación. En el Cañadón del río Pinturas –con imponentes paredones rocosos de hasta 300 metros de altura– su presencia fue común hasta fines del 1800, como atestiguan numerosos exploradores que recorrieron esta zona. Debido a una gran presión de caza, a la competencia con el ganado y a las enfermedades que estos animales exóticos introdujeron, el huemul quedó relegado a zonas poco accesibles de la Cordillera de los Andes en el sur de Chile y Argentina, donde a duras penas subsisten los últimos, se estima, 2000 ejemplares. En cuanto a los chinchillones, el proyecto es traslocar familias desde zonas donde abundan a otras donde escasean, para lo cual los biólogos ponen a algunos ejemplares radiocollares y marcas (caravanas) en las orejas que les sirven para seguirlos y entender la distribución actual de la especie.

AVISTAJES

Pumas: la emoción de verlos cara a cara

El ecoturismo ofrece observación de fauna, incluyendo a estos grandes felinos. Te contamos cómo es la experiencia.

Son ninjas sigilosos, pero no visten de negro sino de color beige: se camuflan con el color de la estepa. Protagonizan, eso sí, una película de acción, un show de la naturaleza bien real en el que encabezan el elenco. Ahora, las presentaciones en vivo de los pumas, los arquitectos del ecosistema patagónico, están disponibles para quienes decidan hacer avistaje de fauna y tengan la suerte de divisarlos. “Es muy divertidos rastrearlos, y además un súper ejercicio”, dice Leandro Vásquez, naturalista y uno de los responsables del seguimiento científico de estos animales por parte de la Fundación Rewilding Argentina. Es verdad: caminamos seis horas para acompañarlo en una de sus recorridas justo antes de que un primer operador turístico fuera certificado como guía de trackeo de fauna. Los pumas tienen un promedio de vida de 12 años, en una semana se pueden desplazar unos 150 km y son cazadores de emboscada. Los cuerpos de sus presas dan de comer a cóndores, zorros, caranchos, jotes, zorrinos y otros carroñeros. Durante el último siglo se los combatió ferozmente, mediante la figura del “leonero”, tanto que hace 50 generaciones de puma que el temor al humano se transmite culturalmente, de las madres a los cachorros. Pero hay quienes impulsan un cambio de paradigma, basado en datos científicos y en el trabajo con la comunidad local. Se busca no solo proteger a estos animales por su calidad de predadores tope de un ecosistema, y por lo tanto imprescindibles, sino convertirlos en eje de una reconversión productiva desde el ecoturismo (sustentable y responsable) que reactive económicamente a pueblos enteros.

OBSERVACIÓN MUTUA Trepamos rocas, subimos laderas, bajamos a unos cañadones. Compartimos equipo con el puma. Estamos de su lado, solo queremos ser testigos. Leandro dice que no siempre los contactos visuales de los encuentros son fugaces, que confiemos. Varias horas de caminata después, tres pumas se dejan observar a simple vista desde una distancia de unos 100 metros. Se saben bajo nuestra mirada y también nos contemplan, nos miden. Uno dormita, pero los otros dos están alertas, reponiéndose tal vez de una cacería. Uno decide levantarse y camina felina, elegantemente. Si falta el puma, habrá problemas: en primer lugar, habrá guanacos en exceso, depredando los coirones. “El puma moldea los cañadones, no solo regula especies. Al mantener saludable en cantidad la población de herbívoros permite que esos espacios se sostengan como lo que son: una trampa ecológica natural. Es un armónico arquitecto de interacciones”, resume Leandro. Sin puma, también habría un número exagerado de zorros grises y colorados, gatos del pajonal y hurones patagónicos. Y eso desbalancea el orden natural. “Por eso –dice– son clave los collares rastreadores”. Rewilding colocó esos dispositivos en 10 pumas. A ese despliegue le agrega 40 cámaras trampa con la que filma sus movimientos. Toda esa información es útil para diseñar senderos que permitan verlos sin molestarlos; aprender cuáles son sus horarios de actividad; sus rutinas de caza y sueño y su tipo de alimentación. Los collares, que como máximo tienen un gramaje del 3% del peso del animal, se desprenden solos cuando a los dos años se les acaba la batería del GPS, que es lo que marca puntos de ubicación una vez por hora. Un radiotransmisor permite localizarlos y recogerlos. “Con los guías especializados en trackeo de fauna se hace una cadena virtuosa porque el turismo que viene atraído por los animales se aloja, carga combustible, come en la zona. Se beneficia toda la comunidad”, describe Sebastián Di Martino, Director de Conservación de Rewilding Argentina.

“El puma necesita ser protegido porque tiene imagen de predador de ovejas. Las ‘soluciones’ que se adoptan desde hace 100 años son malísimas: los venenos, por ejemplo, matan cóndores”.

SEBASTIÁN DI MARTINO, DIRECTOR DE CONSERVACIÓN DE REWILDING ARGENTINA.

PIONERO Facundo Epul nació en Perito Moreno. Se recibió de Guía provincial de turismo, montó su emprendimiento El Choique para armar recorridas y luego se capacitó para ser pionero en avistaje de animales a través del senderismo. Las salidas parten de La Posta de los Toldos y recorren el sendero La Guanaca rumbo al mirador del cerro Amarillo. Allí es habitual divisar cóndores sobrevolando el río Pinturas. “Los pumas cada vez huyen menos de la presencia humana. Saben que aquí nadie los caza. Los avistamos –relata– desde una distancia segura, alrededor de 100 metros, con binoculares. La observación es mutua”. El rastreo de pumas demanda un día completo, en grupos de hasta 4 personas. Como es un trekking de exigencia media-alta, está reservado para mayores de edad. Los científicos también los observan, con otros ojos. Donde se juntan muchos puntos de GPS se arma un cluster, los sitios en los que los pumas se echaron a dormir o comer. Y hacia allí van los biólogos, a investigar en qué anduvieron. “Así comprobamos que más del 95% de sus presas son silvestres, especialmente guanacos, pero también choiques, peludos… Las ovejas –sostiene Di Martino– vienen después, en ínfima proporción. La mayor parte de los pumas no causa daño al ganado y si se los elimina se deja el espacio predador libre para otros ejemplares que sí generan problemas a los estancieros”. ¿Hay pumas buenos y pumas malos? No: hay edades y hábitos. “Los adultos son buenos cazadores y prefieren alimentarse con animales silvestres; los juveniles, en cambio, eligen las presas fáciles porque les falta experiencia. Los adultos son quienes mantienen el terreno libre de problemas porque expulsan a la competencia juvenil”. Si hay demasiados ejemplares de los inconvenientes, se puede recurrir a los perros que disuaden la presencia de pumas, encerrar el ganado de noche, instalar luces destellantes con sensores de movimientos o simplemente no espantar a los guanacos, presas nativas.

EXPERIENCIA DE PRODUCCIÓN Para los expertos en fauna, la idea es que hombres y mujeres representen para el puma un estímulo neutro: que nos vean como parte del paisaje, como una piedra. Si no hay cazadores, dejan de tener un sentimiento negativo hacia las personas. Tampoco sentirán uno positivo, ya que no provienen de cautiverio y por lo tanto no se acercarán a la gente en procura de comida. “La oferta es ver huellas, aprender sobre su dieta, sus costumbres, sus recorridos, sus familias y eventualmente divisar algún puma. Cada vez será más común verlos”, se ilusiona Di Martino. En el Parque Nacional Torres del Paine, en Chile, la experiencia está mucho más avanzada y ya es habitual observar incluso madres con sus crías. Ver la fauna “funcionando” y coexistir en armonía es lo que motiva a los expertos en “producción” de naturaleza. Y la llave de esa puerta hacia un paisaje en acción es transformar las sensaciones que provocan los pumas en las personas: pasar del miedo al respeto.

PROTECCIONISMO

La naturaleza le enseña a la ciencia

Cómo es el seguimiento que permite recoger información valiosa acerca de los hábitos de los pumas.

El puma (Puma concolor) es un gran felino (puede alcanzar los 90 kilos) capaz de adaptarse a distintos ambientes y presas, característica que lo ha convertido en la especie de carnívoro con mayor distribución en el continente americano. Su presencia determina el buen estado y funcionamiento del ecosistema, al regular el número de herbívoros y carnívoros medianos y generar un impacto positivo sobre la flora. Una forma de trabajar activamente en su resguardo es hacer monitoreo satelital diario de los ejemplares. La otra, observarlos con filmaciones y fotos tomadas por cámaras trampa. Recientemente, una de las hembras que tiene instalado un collar de rastrillaje, Pampa, tuvo cachorros.

Leandro Vásquez porta una antena que le permite ir siguiendo por los cañadones las señales de un transmisor VHF y, por lo tanto, los pasos de un puma a menos de 2 km de distancia.

Emanuel Galetto, guardaparque y miembro del equipo de Rewilding Argentina, explica que este animal tiene unos 5 años, pesa alrededor de 56 kilos y que el seguimiento ayuda a los biólogos a entender qué ambientes recorre, cuáles son sus horarios de actividad y cómo se relaciona con sus pares. “Pampa está asentada entre el cañadón Caracoles y la meseta del lago Buenos Aires. Se desplaza dependiendo de la disponibilidad de alimento. El último invierno lo pasó dentro del cañadón, donde había más concentración de guanacos y choiques y eran fáciles de cazar”, cuenta. Pero algo llamó la atención de Galetto y su equipo: durante tres meses, se había quedado muy quieta. “Así nos dimos cuenta de que había parido, porque durante la noche salía a cazar y a alimentarse y en el día volvía siempre al mismo matorral, donde estaban los cachorros”, explica. La naturaleza le enseña a la ciencia.

EL GUANACO

El mayor herbívoro de la Patagonia

Lleva dos millones de años sobre nuestra geografía. Pero acerca del guanaco se sabe poco. Los biólogos están estudiando sus movimientos anuales para entender mejor la dinámica de su migración.

Durante años se los responsabilizó por depredar las pasturas. Sin embargo, provocan mucho menos daño que las vacas y los caballos, porque tienen almohadillas en las patas. Pero además si hay pumas en el área dedican más tiempo a la vigilancia y reducen entonces el pastoreo. Dentro de su hábitat, el guanaco delimita zonas de acuerdo a los usos. Por ejemplo, tienen dormideros, áreas de alimentación, revolcaderos y bosteaderos, que son montículos de excremento que les permiten marcar su territorio. Las principales amenazas son la caza (se los persigue por su cuero y para que no compitan con las ovejas por las pasturas), el deterioro de los pastizales por parte de animales exóticos como cabras y liebres, y la construcción de cercas, que dificultan la migración y propician que queden enganchados en los alambrados. Para aprender todo lo posible sobre los guanacos y sus movimientos, la Fundación Rewilding Argentina colocó collares rastreadores en 26 ejemplares. “Queremos saber cómo usan el espacio para diseñar senderos que permitan la observación sin impacto sobre la fauna. Que los caminos no pasen –señala Sebastián Di Martino– por los lugares que son elegidos para tener cría, por ejemplo”.

TIERRA DE COLORES

Balcón a la sorpresa jurásica

Es una reserva privada de uso público que se puede visitar gratuitamente e insume una caminata de poco más de una hora.

Aapenas metros de la entrada del Portal Cañadón Pinturas –ubicada sobre la RN 40, 56 km al sur de la localidad de Perito Moreno– hay un tesoro para viajeros con alma de exploradores. Como un destello de color en medio de la estepa monocromáticamente marrón, una paleta de rosas, amarillos y ocres pinta Tierra de Colores, un sendero con balcón a la sorpresa en el que la prehistoria jurásica y la actividad volcánica pusieron los pinceles. Tierra de Colores está ubicada dentro del Portal Cañadón Pinturas, que es una reserva privada de uso público y gratuito que será donada al Parque Nacional Patagonia. Allí, la vegetación es puro anhelo, pero la naturaleza regala un ticket para la primera fila del show del viento. Recorrerla a pie insume una hora y 45 minutos, ya que la caminata es de 4,8 km. Después de atravesar un cañadón amarillo, se sube una ladera arenosa, se cruza una pequeña meseta y se accede a un balcón natural que oficia de mirador de este paisaje inusual en tonos pasteles. Esos colores son característicos del paisaje jurásico. El material que conforma las paredes de estos cerros y cañadones, parte de la materia prima que los primitivos habitantes de la zona usaban en sus pinturas rupestres, tiene origen volcánico. En la región predominan los sedimentos limo-arcillosos en los que se han encontrado fragmentos fósiles.

A pocos minutos de caminata desde la entrada del sendero ya se observan los particulares colores de los paredones. En esas laderas, de origen volcánico, aparecieron restos fósiles.

CUEVA DE LAS MANOS

Mensajes desde el pasado

Patrimonio de la Humanidad para la Unesco, sus pinturas permiten viajar en el tiempo y observar escenas de vida cotidiana.

Hace 9.000 años, el guanaco estaba en la mira de los pumas, igual que hoy, como parte de su dieta básica. Pero también lo tenían entre ceja y ceja los primitivos habitantes de estas tierras, ya que el herbívoro silvestre más grande y abundante de la Patagonia era su principal recurso para comer, abrigarse y… hacer arte. Se cree que los collares que las culturas pretehuelches armaban tenían como materia prima los cálculos (piedras en el aparato digestivo) de los guanacos, animales que además aparecen retratados en manada, rodeados de pumas, en las pinturas del mundialmente conocido Parque Provincial Cueva de las Manos. Desde el Portal Cañadón Pinturas ver ese legado cultural demanda 60 km en 4×4, o 120 en auto. Las 519 hectáreas de este Parque Provincial fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Las pinturas más recientes que alberga el Parque datan de hace 1.300 años y son de color blanco. Los pobladores originarios usaban pigmentos minerales que ligaban con sangre animal o grasa de choique. Como pinceles, empleaban huesos (técnica de soplado) o pintaban en “negativo” alrededor de manos o patas, por ejemplo de choique. Se ven dibujos de lagartijas, instrumentos de percusión, mamás con bebés y hombres con lanzas, entre varios motivos.

Desde una pasarela los visitantes pueden observar detalles de las pinturas, que no sólo incluyen manos sino también escenas de caza.

MACÁ TOBIANO

El renacimiento de un ave casi extinta

Los expertos de Aves Argentinas realizan múltiples tareas para proteger ejemplares y disminuir la presencia de predadores.

Existen en el mundo 22 especies de macá (Podiceps gallardoi), 6 de las cuales habitan en Argentina, y una solo lo hace en Santa Cruz: el tobiano. Fue descubierto en 1974. Una década más tarde se contabilizaron unos 5.000 individuos en el país, pero en 2009 sólo quedaban alrededor de 700. Por eso, tres años después, fue declarado especie en peligro crítico. Hoy el panorama es levemente alentador: se estima que hay unos 1.000 animales. Pesan sólo medio kilo, comen minúsculos invertebrados acuáticos y forman colonias de entre tres y 120 familias. Sus principales amenazas (además de las anunciadas y polémicas represas) son el visón americano, capaz de destruir 30 nidos en dos horas; la gaviota cocinera, que ataca desde el aire, y la trucha arco iris, especie exótica que altera el entorno e impide el crecimiento de lo que el macá usa para construir sus nidos: una planta acuática llamada vinagrilla. Ignacio Roesler, Kini, es biólogo, investigador del CONICET y miembro del Departamento de Conservación de Aves Argentinas. Hizo su doctorado con el macá, en cuya preservación trabaja hace más de diez años. Estudia las rutas migratorias del ave. Sabe que, cuando las lagunas de altura se congelan, estos animales vuelan hasta la costa atlántica. “Estamos hace once días acá, acampando en Laguna 8. Hacemos censos diarios de ejemplares, poniéndoles anillos numerados en las patas y con colores para identificar si son adultos o juveniles; registramos peso y medida; buscamos indicios de depredadores, patrullando de día con voluntarios, y de noche ayudados por linternas”, detalla Carlos Ferreyra, Guardaparque y guardián de la colonia de macás.

“Hice 186 km a pie en seis días, recorriendo lagunas para supervisar nidos de macá. Se destruye el calzado de trekking porque las piedras son ásperas y filosas. Pero amo estar acá”.

SANTIAGO, VOLUNTARIO DE AVES ARGENTINAS Y GUÍA DE MONTAÑA.

Durante dos semanas, junto con Andres Baissero (voluntario de Aves Argentinas, futuro Guardaparque) se turnan para no sacarles los ojos de encima a las aves. “Tenemos 10 nidos en esta laguna. Ayer nacieron tres pichones. Macho y hembra (que celebran en diciembre y enero danzas muy vistosas de cortejo) se turnan para incubar durante unos 21 días. En cuanto escuchamos el piar entramos con el gomón para rescatar el huevo que los padres dejan“, explica Ferreyra. ¿Dejan? Veamos. En la meseta del lago Strobel funciona la estación de recría de macás tobianos. Está a cargo de la veterinaria Gabriela Gabarain, que habla sin mirar a su interlocutora: tiene los ojos fijos en el contenido de una incubadora. Los macás ponen dos huevos, pero cuando el primero eclosiona, abandonan el segundo. “Los huevos pasan entre tres días y una semana en la incubadora. Cuando los pichones rompen el cascarón los pasamos a un nido artificial con almohadoncitos caseros debajo de los cuales ponemos bolsas de agua caliente que cambiamos cada hora. A esos almohadones les cosemos flecos para simular el plumón de la espalda de los padres”, dice Gabriela, mientras le da de comer al recién nacido con una pincita diminuta. “Hay pocos registros en el mundo de macás nacidos en cautiverio, y en tobianos somos los únicos. En nuestros primeros cinco años de trabajo logramos ejemplares con una sobrevida de 10 días. Estamos esperanzados”, se ilusiona, con una sonrisa. El macá no camina: vuela y bucea en busca de comida. “La trucha cambia el PH del agua y eso hace que escasee el alimento para esta ave. Por eso impulsamos la extracción con redes de estos peces e instalamos compuertas para interrumpir el ciclo reproductivo”, dicen los guardianes de los nidos.

Con un arduo trabajo de campo, los científicos rescatan los huevos que los padres descartan y, en una experiencia inédita en el mundo, los incuban en laboratorio.

De acuerdo con los datos de 2019, las poblaciones de macá tobiano se encuentran estables e incluso se detectó un sutil pero importante crecimiento poblacional de entre 1% y 3% anual. “Para una especie críticamente amenazada, dejar de reducir sus poblaciones ya es un éxito, pero comenzar a crecer es un hecho de fundamental importancia. Sin embargo, esto es aún una tendencia que necesita mantenerse en el tiempo para que tenga un impacto real en las poblaciones del macá tobiano”, dicen desde Aves Argentinas. Los pastitos bajos tiemblan como de frío. Pero no: es el viento. Parece ser el paraíso para la energía eólica. “Imposible. Se destrozan los molinos. Recuerdo un diciembre –afirma el coordinador de voluntarios del Proyecto Macá Tobiano de Aves Argentinas, Patrick Buchanan– en el que soplaron ráfagas de más de 140 km/h. De mi carpa de alta montaña solo quedaron las estacas. La bolsa de dormir pasó flotando a mi lado mientras yo corría… Frenó al kilómetro y medio”. Ahora, por ese suelo seco donde aterrizó la bolsa vemos corretear, fugaces, varias lagartijas azules.

CÁMARAS TRAMPA

La fascinante aventura de la naturaleza

Los que trabajan en la preservación y reintroducción de ejemplares se valen de cámaras que filman y toman fotos. Les permiten estudiar a distancia el comportamiento de la fauna y hacer el seguimiento de los animales que son liberados. Esos registros proporcionan imágenes maravillosas de la naturaleza en acción.

Gallineta
La gallineta austral (Rallus antarcticus) es un ave amarronada y con un llamativo pico rojo que habita en los humedales. Se desplaza caminando entre los juncales: muy raramente se la ve volar. Se alimenta de invertebrados. Puede llegar a tener hasta dos camadas de hasta 5 pichones cada una durante la primavera y el verano.

Guanaco
En la Argentina se estima que habita el 88% de la población global de guanacos (Lama guanicoe). Son herbívoros y viven en sitios secos, frescos y abiertos. Así como los primeros pobladores de la región les adjudicaban usos decorativos a los cálculos que se forman en el estómago de estos animales, en otras culturas originarias del continente se los empleaba con propiedades medicinales.

Piche
Pariente cercano de los gliptodontes y un poco más lejano de los osos hormigueros y los perezosos, el piche (Zaedyus pichiy) o armadillo es un mamífero que posee un caparazón dorsal, cola bastante larga y extremidades cortas. Vive hasta 15 años, y pesa alrededor de un kilo. Elige zonas con suelos excavables con facilidad, y come principalmente raíces e insectos. Tiene buen olfato pero mala vista.

Chinchillón
El chinchillón anaranjado (Lagidium wolffsohni) es conocido en la zona como “ardilla”. Es un roedor de hasta 3,5 kg de peso que habita en las grietas de cañadones o acantilados, alimentándose de las pequeñas plantas que crecen cerca de sus refugios. Durante el día prefiere asolearse en zonas expuestas, confiado en que su pelaje le permitirá camuflarse con las piedras, y se muestra más activo durante la noche.

GALERÍA DE FOTOS

Aprendé más sobre la maravillosa fauna patagónica

Mirá estas imágenes de cinco especies emblemáticas y leé sobre sus características y hábitos.

Choique
No vuela pero el choique (Rhea pennata) es la segunda ave corredora más grande de América. Come plantas e invertebrados. Puede alcanzar el metro de altura, y pesar hasta 30 kg. El macho es el que se encarga de la incubación y cuida de los charitos, que son los pichones. Las crías más grandes reciben el nombre de charabones.

Zorro gris
Su nombre científico es Lycalopex gymnocercus. Tiene pelaje gris y corto en el lomo y las patas, y más rojizo en la cabeza y cuello. Pesa unos 5 kilos y tiene entre 2 y 6 crías por camada. Come tanto plantas y frutas como aves y pequeños mamíferos. Es solitario y de hábitos crepusculares y nocturnos.

Gato del pajonal
Es un felino también conocido como gato de las pampas. Su nombre científico es Leopardus colocolo. Pesa unos 3 kilos. Sus patas son cortas, con rayas negras o marrón oscuro que le sirven para ocultarse entre la vegetación y las piedras. Tiene cabeza redonda, cuerpo robusto y pelaje largo gris o amarillento.

Becasina común
Su nombre científico es Gallinago paraguaiae. Mide unos 30 cm de largo, tiene pico gris largo y recto, y cuello y patas cortas. Sus colores ocres la ayudan a mimetizarse con el ambiente. Vive en mallines y costas húmedas de lagos y lagunas, por lo que construye nidos de juncos y pasto sobre el suelo. Se alimenta de insectos.

Chinchillón
Mide unos 30 cm de largo, tiene un pelaje entre anaranjado y marrón. Es diurno y gregario: vive en pequeños grupos. Habita zonas rocosas con escasa vegetación, por sobre los 800 metros de altura. Durante el día suele permanecer quieto, al sol en las grietas.

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Experiencia Parque Nacional Patagonia

El Parque Nacional Patagonia está abierto de lunes a domingo, entre las 8 y las 20, con un cupo máximo de 200 visitantes por día.

Esta región alberga especies que solo viven en la provincia de Santa Cruz, como el macá tobiano, y otras que imponen allí su presencia, como el guanaco, el chinchillón anaranjado, los zorros gris y colorado, el choique y el puma. Antes de visitarla, informate en la APN: Of. Terminal de Ómnibus de Los Antiguos: Av. Tehuelches Nº 157, Los Antiguos (9401), Santa Cruz. Tel: 02966-15622852. Mail: apnpatagonia@apn.gob.ar / infotur@santacruzpatagonia.gob.ar

FUENTE: https://www.lanacion.com.ar/turismo/la-belleza-de-la-estepa-salvaje-nid31032021/